Encuentra diarios de viajes, destinos, información y artículos

Buscar en Internet 

       Ocio   Monografías   Ofertas





rss feeds RSS / /

Al cielo en Moto

Por Motoaventura.cl

Revista El Sábado de El Mercurio del 13 de enero de 2001. Panoramas de Verano. Superman se va de vacaciones. Reportaje de Marcelo Simonetti, msimonetti@mercurio.cl y fotos de Guillermo Farías, bilfot@usa.net

Los tiempos cambian. Del apacible ciudadano que prefiere la lectura, la arena y el rumor de las olas, como fórmula de reposo, poco queda. Hay mucha adrenalina circulando y nada mejor que ocupar el período estival para dar rienda suelta al animal interior. Mucha acción, mucha naturaleza. Arriba de motos, bicicletas y una rareza llamada canyoning. Sólo para superhombres.

Al cielo en Moto

Se siente bien aquello de la velocidad. El ir arriba de una moto, haciendo trizas el viento, mientras la aguja del velocímetro marca los cien kilómetros por hora. A veces más. Por algunos segundos uno supone ser un dios encaramado a una Harley Davidson, en alguna carretera norteamericana. Pero se está en Chile, en las afueras de Osorno, montado en una Honda Varadero, con el frío que se cuela por las piernas.

De aquí a nuestro destino hay 250 kilómetros – dice Enrique Baum-. La ruta que hemos trazado implica bordear el Seno de Reloncaví, pasar por Cochamó, cruzar en balsa por el río Puelo, hasta llegar al lago Tagua Tagua.

Baum es ducho en estas lides. Él va a la cabeza de esta suerte de fila india que se interna desde Osorno hacia la coerdillera. Son cuatro motos adentrándose por caminos secundarios, sorteando algún arroyo, levantando polvo. Baum es uno de los cerebros de MotoAventura (www.motoaventura.cl), esta empresa que se dedica a recorrer el sur chileno y la Patagonia argentina en dos ruedas.

Si nos animamos podemos ir hasta Puerto Madryn, que es una reserva natural argentina. Ahí es posible ver las ballenas a escasa distancia. Claro que para eso hay que recorrer 2.700 kilómetros (ida y vuelta) arriba de la moto- explica.

La caravana la integran Baum, Alberto Aeschlimann y Peter Hopf, quienes actúan como guías y, eventualmente, realizan funciones anexas. Hopf, por ejemplo, es un alemán que hasta hace algunos meses era capaz de comerse medio animal de una sola sentada. Era dueño del famoso restorán Peter’s Kneipe y se encarga de la alimentación de la travesía. El asado y el vino queda en sus manos. Mauricio Herrera, médico cirujano, es otro de los miembros del equipo y el encargado de los veinte kilos que ha perdido Hopf. “Le corcheteé el estomago”, dice. Pero esa es otro historia.

A los cien kilómetros recorridos, las piernas se resienten. Rodillas, muslos y pantorrillas sufren el rigor de una larga abstinencia arriba de la moto. No es fácil. Recorrer quinientos kilómetros en una Honda Varadero exigen, además, brazos en forma, músculos útiles. Después de todo, esa bestia de metal pesa 320 kilos. Pero qué va. Ya se está en la mitad del recorrido y la renuncia es un artilugio deshonroso.
El olor del bosque, del pan que se amasa en las casas que bordean ríos y lagos, el particular perfume de las salmoneras, amenizan el viaje. También los volcanes, Osorno, Puntiagudo y Calbuco, allá al fondo. Una camioneta de apoyo sigue a la caravana, llevando los alimentos, las mochilas, las heladeras portátiles.

-Hay gente que le gusta salir apatotada y otros que son lobos solitarios. Algunos prefieren llevar la mochila amarrada a la moto, con los sacos de dormir y la carpa. Que se note que el tipo es aperrado. Y otros que optan por dejar la moto libre de bultos – cuenta Sonia Dorachuk, esposa de Baum, gerente de la empresa y conductora del vehículo de apoyo.
La idea es salir con guías. Pero también hay quienes optan por la travesía en solitario.

-Hace un par de semanas llegó un inglés que quería recorrer la zona. Quería ir a la costa y, además, internarse en la cordillera. Lo acompañamos un día. Estuvimos en Bahía Mansa y Maicolpué. Pero luego decidió seguir solo, con mochila y carpa. Ayudado por una ruta que le sugerimos, fue descubriendo nuevos caminos. Se lo recorrió todo, a razón de quinientos kilómetros diarios. Una locura – afirma Baum.

El cruce por el río Puelo es a prueba de valientes. El río parece capaz de llevarse todo, incluida la pequeña balsa sujeta con gruesas cuerdas a una polea. Uno se imagina que cascos, motos y camioneta de apoyo terminarán en algún lugar del océano, dispersos, como el fruto de un naufragio. Pero nada. El cruce es exitoso y en pocos minutos se llega al lago Tagua Tagua. La piel quemada por el sol, las piernas temblorosas y la sensación de haberse bajado con el asiento de la moto todavía pegado a las nalgas, dan cuenta del esfuerzo. El hambre también. Hopf saca la parrilla, tira unos trozos de carne, el vino. La antesala precisa para el reposo del guerrero. A las diez, anochece. Las motos descansan. El superhombre también.


Artículos Destacados