Turismo




Turismo de Salud

Por Termasalud

TURISMO DE SALUD


Teniendo en cuenta que la función psicológica de las vacaciones consiste en compensar las limitaciones y carencias de la vida cotidiana, es fácil comprender por qué el turismo de salud y el turismo de aventura están en pleno auge. De todas formas, estas modalidades turísticas no dejan de ser una alternativa al turismo convencional.

Un nuevo concepto de turismo y un rol diferente para el turista que es más dinámico y demanda productos turísticos que le permitan participar activamente. Esta tendencia favorece claramente a las regiones que presentan una oferta turística variada y cuya estrategia a seguir se fundamenta en el desarrollo del turismo de calidad que beneficie a los numerosos recursos naturales y patrimoniales.

Sin duda, es el turismo rural la modalidad turística más conocida pero también lo son el turismo verde, el turismo náutico, el turismo cultural y sobre todo el turismo termal o bien el turismo de salud, un tipo de turismo que utiliza el agua como principal reclamo por sus características mineromedicinales.
. El éxito del turismo de salud se evidencia también por las múltiples acepciones con que se le ha identificado ( turismo verde, agroturismo, rutas saludables) y a esto se puede añadir el buen momento que viven los balnearios para el descanso del cuerpo y la mente y los Hoteles Spa & Resort, que incluyen además de programas de belleza y puesta en forma, actividades deportivas como el golf, un deporte que ha dejado de ser elitista para convertirse en un ejercicio saludable para todas las edades.

Es interesante preguntarse el porqué de esta oleada alternativa. Una de las razones estriba en que el hombre moderno ha ido acumulando una profunda añoranza de la naturaleza y ya no soporta esos deslucidos y prosaicos decorados urbanos. Busca bellos paisajes, paraísos perdidos y ansía unas pinceladas de poesía que suavice el áspero engranaje del trabajo diario. El vértigo estresante que domina la vida de tantos hombres y mujeres de nuestro tiempo reclama con vehemencia la romántica serenidad del lago, el esplendor salvaje de la tierra virgen y la paz indescriptible del horizonte enrojecido por el sol poniente.

El sociólogo alemán Karl-Werner Brand ha intentado demostrar que, a partir de las primeras movilizaciones ecologistas de los años 60 no ha cesado de crecer la sensibilización hacia la cuestión medio ambiental y se ha ido fraguando la vuelta a la naturaleza y protección del medio ambiente. Según Brant se trata de un fenómeno cíclico de crítica cultural, paralelo a la eclosión en la segunda mitad del siglo XIX, que tuvo su inspiración en el Romanticismo.

La gente reacciona de ese modo contra las consecuencias negativas de la civilización industrial, la soledad impersonal de la gran ciudad y la insatisfacción creada por una alienante máquina burocrática, ahora como hace un siglo. Se ha elevado el tono de la crítica cultural contra el estilo de vida urbano y, paralelamente, la idealización de la naturaleza y la vida rural ha puesto de moda las actividades al aire libre. Descubrir la vida en un ambiente vivo, relajado, en contacto directo con sus gentes, para recuperar las raíces perdidas de tantos pueblos abandonados, se ha convertido para muchos en una cuestión de principios. El hombre busca ese trato personal que no encuentra en la urbe de asfalto.

Las funciones psicológicas del turismo de aventura están también determinadas por ciertos rasgos diferenciados de la actualidad. Pasear sobre las plácidas aguas de un lago, luchar contra los remolinos de un embravecido río, o viajar, navegando hasta lugares inaccesibles, son formas diferentes y fascinantes de acercarse a la naturaleza. El impacto de una cotidianidad tal vez demasiado controlada y previsible incrementa el atractivo por la sorpresa, la incertidumbre y el riesgo.

Probablemente nos ha ocurrido alguna vez al regresar de un viaje. Tenemos la extraña sensación de que existe cierta distancia entre uno mismo y el mundo que encontramos al regreso; Todo sigue en su sitio pero lo vemos diferente. Está claro que es uno mismo quien ha cambiado e incluso es posible que nuestro comportamiento se haya vuelto más auténtico y original. Una conclusión a este planteamiento es sin duda que un viaje despierta las potencialidades dormidas que hay en nosotros. Tal vez por ello, viajar por el mundo ayuda a descubrirse a uno mismo. Romper con la rutina.

En definitiva. Además de proporcionarnos distracción y cultura nos da nuevas dimensiones y posibilidades que beneficiarán nuestro equilibrio psíquico y aportan equilibrio a nuestra personalidad.

Texto cedido por

Por Mayte Suárez Santos. Especialista en Medicina y Termalismo. Miembro de la Sociedad Francesa de Termalismo y Talasoterapia para la Salud Buco-Dental. Presidenta de la Asociación Española de Amigos de las Termas. Editora de www.termasworld.com


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Publicado Saturday 1 de September de 2001


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