Incluso cuando se practica turismo de aventura, o turismo activo, es poco usual encontrarse con un explorador (no confundir con un “scout” o practicante del escultismo) . En general, por esta misma causa, se lo suele confundir junto con sus objetivos con otro tipo de persona.
En el caso de que un explorador frecuente una zona de montaña habitualmente se lo considera un montañista (o "montañero", si usamos la acepción común a los países de habla hispana europeos). Pero son muchas las diferencias que hacen que esta denominación sea imprecisa y poco adecuada.
Un explorador puede ser un montañista, pero siempre es mucho más que eso: su campo de acción y sus objetivos varían.
Mientras que un montañista persigue los siguientes objetivos...:
- Disfrutar de la montaña:
* Recorrer, subir o escalar terrenos montañosos.
* Lograr ascensiones, preferiblemente absolutas (es decir, ser el primero
en “hacer pico” o llegar a la sima de una montaña).
* En algunos casos lograr lo anterior en el menor tiempo posible.
* Explorar o relevar zonas montañosas (en un mapa o en el lugar mismo)
para luego llevar a cabo alguno o todos los objetivos anteriormente
señalados.
...un explorador persigue los siguientes:
- Disfrutar de la exploración:
- Explorar lugares desconocidos, inaccesibles o inalcanzables hasta ese
momento, o que presentan señales de un potencial descubrimiento.
- En lo posible desarrollar las actividades de exploración
independientemente del terreno y el clima en el cual haya que llevarlas a
cabo. Montañoso, desértico, selvático, marino, ártico, o antártico, terreno o
extraterreno.
- El objetivo de la expedición es la que determina o limita su duración y no
a la inversa (salvo por razones externas: económicas o climáticas
ineludibles, etc.).
Como ejemplo de estas diferencias podemos citar la expedición realizada por el GEA al Valle del Motoco en la Cordillera de los Andes patagónicos en la segunda mitad del mes de enero de 2001.
El objetivo de la la expedición realizada por el GEA al Valle del Motoco en la Cordillera de los Andes patagónicos, en la segunda mitad del mes de enero de 2001, consistía en explorar dicho valle, ubicado en la provincia de Chubut; y luego instalar un refugio de montaña permanente.
El Valle del Motoco, en sus zonas más profundas (que comprenden casi toda su extensión) literalmente no ha sido pisado por ser humano alguno desde, por lo menos, la existencia del Reino de la Araucanía y Patagonia. Incluso no está probado que haya sido habitado en algún momento por la población aborigen anterior a la colonización.
Esta expedición se planeo con una duración de 15 días y estuvo compuesta por los 5 integrantes titulares del GEA (Los guías de montaña Pablo Edronkin y Gustavo Sakuda, y los exploradores Luciano Marcer, David Miranda y quien les escribe, Federico Ferrero), creadores de Andinia.com ( http://www.andinia.com/ ).
En condiciones normales, una expedición de estas características, a una región de clima subpolar (la temperatura en oscila entre los -15 y los 15º C, con lluvias y nevadas) implica transportar un peso mínimo de 25 kilogramos x persona, entre ropa, comida y equipo (instrumentos de medición, de orientación, escalada, observación, armamento, etc.).
Pero esta expedición implicaba además la instalación de un refugio que aumentaba el peso de cada mochila hasta hacerlo llegar a los 60-70 kilogramos x persona aproximadamente, ya que la construcción del mismo (diseñado y planificado durante 1 año) incluía 25 kilogramos de cemento para lo cimientos, una estructura compuesta por caños y estacas de hierro, y por cables y tensores de acero; un recubrimiento de dos capas de materiales impermeables de 20 metros de largo cada uno por 4,50 metros de ancho aproximadamente. Además se transportaba equipo extra para la construcción en sí compuesto, entre otras cosas, por palas, baldes, acelerador de fraguado para el cemento, serrucho, pinzas, martillos, llaves, palanca, taladro manual, etc.
De por sí, una mochila de 60 kilogramos no es algo agradable de llevar, pero a esto hay que sumarle las condiciones de tiempo adversas que se presentaron durante la expedición.
Según los pobladores cercanos a la zona, no había nevado tanto durante el último invierno desde hacía 25 años. En algunos casos nevó en lugares donde nunca antes había nevado (en verano, por ejemplo, generalmente no nieva por debajo de los 600 metro de altura).
Anteriores expediciones nos habían mostrado a glaciares en marcado retroceso gracias al calentamiento global, lo que demuestra que el clima resulto ser este año de un carácter excepcional para el lugar.
A esto hay que agregarle que los cuatro primeros días de expedición transcurrieron bajo la lluvia o la nieve, a una temperatura que no supero los 5º y llego a ser de -2º (esto corroborado por un termómetro que transportaba, le cual no consideraba la sensación térmica, que gracias al viento reinante según nuestras estimaciones reducía la temperatura efectiva en una 5º aproximadamente). Recordemos que en enero es verano en el hemisferio sur, y que en la misma latitud, y en la misma época del año en el hemisferio norte (Munich), la gente suele andar vestida con una simple remerita únicamente...
Traigo a colación todos estas condiciones y detalles de la expedición para ejemplificar un hecho concreto que marca la diferencia de la que se ocupa este artículo: la diferencia entre un explorador y un montañista.
Todos estos acontecimientos hicieron que nuestra subida hasta la zona del Valle del Motoco fuera lenta y con reiteradas paradas. Marchábamos bajo la lluvia, pero en los momentos en que esta era más intensa nos veíamos obligados a construir un vivac donde poder guarecernos.
Nos encontrábamos en uno de estos refugios de circunstancia cuando dos integrantes de la expedición se cruzaron (camino a un arroyo) con un guía de montaña de la zona y su acompañante, al cual ya conocíamos por haberlo cruzado por la zona en viajes anteriores.
Estos dos montañistas se retiraban rápidamente “corridos” por la tormenta que arreciaba, el tiempo era demasiado malo para ellos. Habían subido sólo por unos días y no tenían por tanto el equipo ni la comida necesaria para afrontar semejantes condiciones climáticas.
Pero, por sobre todo, ellos perseguían un objetivo diferente al nuestro: sólo querían subir montañas, no estaban allí para explorar, llegando incluso a soportar situaciones de supervivencias.
Escrito en la montaña,
Federico Ferrero
Editor.
mailto:federico@andinia.com
www.Andinia.com.
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